073 – El ciclo de Aceptar, Perdonar y Agradecer

En lo alto de la montaña, donde el silencio sólo lo rompe el viento entre los pinos, el joven Ren trabajaba en el huerto. Junto a él estaba Ryu, un monje más veterano.

Ciclo de crecimiento
Crecimiento personal: aceptar perdonar agradecer.

Mientras Ren regaba con cuidado, Ryu lo observó con gesto severo.

Ryu: —¡Ren! ¿Qué haces? Eso que riegas no es un brote del huerto… ¡es una mala hierba!

Ren, sorprendido, miró la planta confundido. Se parecía tanto a otra que cultivaban que no pudo notar la diferencia. El reproche de Ryu lo hirió más que el error mismo. Bajó la cabeza y siguió trabajando en silencio, con el corazón lleno de aflicción.

Al anochecer, Ren buscó al maestro Hoshin, quien meditaba bajo un viejo pino.

Ren: —Maestro… hoy he recibido una dura reprimenda de Ryu. Me siento herido e injustamente tratado. No sabía que aquella planta era mala hierba… Yo solo quise hacer mi tarea con esmero.

Hoshin lo miró con ternura, acariciando su barba blanca.

Hoshin: —Ren, dime… ¿quién sostiene en sus manos tu serenidad?

Ren dudó, pero respondió:

Ren: —Yo mismo, maestro.

Hoshin: —Entonces entiende esto: si te sientes herido, no es por Ryu… es porque tú has entregado tu paz a sus palabras. La verdadera lección no está en la hierba regada, sino en cómo cultivas tu corazón.

Ren guardó silencio, dejando que las palabras penetraran en su interior.

Hoshin: —Para recuperar tu centro, sigue esta secuencia: Aceptar – Perdonar – Agradecer.

Ren: —Explíqueme, maestro.

Hoshin: —Primero, acepta lo ocurrido. Ryu te habló desde su estado interior, que quizá desconoces. Tal vez carga con cansancio o frustración. Su voz es reflejo de su mundo, no del tuyo.
 Después, perdona. No por él, sino por ti. Perdonar es soltar el peso que te ata al dolor.
 Y, por último, agradece. Agradece que la vida te muestre estas pruebas para fortalecerte. Agradece reconocer que eres capaz de volver a la paz. Y agradece el aprendizaje que esta afrenta escondía para ti.

Los ojos de Ren brillaron como el reflejo del sol en el agua del estanque.

Ren: —Maestro… ahora lo entiendo. No fue Ryu quien me quitó la calma… fui yo quien la soltó. Le agradezco a él, y a usted, esta enseñanza.

Hoshin (sonriendo): —Entonces ya has arrancado la verdadera mala hierba, Ren: la que crecía dentro de tu corazón.

Ren inclinó la cabeza en profunda reverencia. Su espíritu, antes agitado, volvió a ser claro como el agua de la montaña.

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